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mi revolución bohemia

Mi Revolución Bohemia - Proyecto Creativo

Extracto del blog dedicado a mis primeras impresiones tras mi llegada a París:

"Hoy, 5 de Septiembre de 2014, con el fin de recuperar el espíritu bohemio del que tanto hacía gala en el primer post y que, desde mi llegada a París, poco a poco se había ido tristemente diluyendo (como la pintura al óleo con el aceite de trementina), tal vez llevado por la recurrente lluvia o las lágrimas del celoso cielo parisino, he puesto en marcha lo que he bautizado como: “Mi Revolución Bohemia y el Fabuloso Destino de Mag AnGarpen”.

Inspirada por los ideales de los “Hijos de la Revolución”: Verdad, Belleza, Libertad y Amor, y por la gran heroína, estandarte de la bohemia moderna, Amélie Poulain, he decidido iniciar una auténtica revolución. ¡Una acción poética para intentar cambiar el mundo y llenar de felicidad los corazones de la gente!

No, no me he vuelto loca. O al menos no más de lo que ya estaba. Además, los que se lo tendrían que hacer mirar, más bien son aquellos que no creen en este tipo de cosas, que no creen que una pequeña sonrisa puede contagiarse y alegrarle el día a alguien, que pasan por la vida arrasando con todo sin importar las consecuencias y dejando un reguero de víctimas a sus espaldas, psicópatas emocionales con empatía cero, que son menos que una hortaliza “porque incluso las alcachofas tienen corazón”.

Aún así, estoy suficientemente cuerda y “en perfecto uso de mis facultades”, como para darme cuenta de que no es una tarea fácil y no pretendo salvar a la humanidad. Ya hay demasiadas religiones en el mundo y mi intención no es crear una más, dejémosles ese tipo de chifladuras a ellos. No, mi objetivo es menos elevado, aunque no por ello más sencillo de conseguir, y se limita a intentar transmitir un poco de alegría, en la medida de lo posible, a determinadas personas.

¿Y cómo se hace eso? preguntaréis. Pues supongo que hay montones de maneras y cada uno debería buscar la suya. Yo, a través de mis fotos. Después de mis innumerables caminatas por París he conseguido capturar, en algún que otro feliz momento, algo de la esencia de esta ciudad y sus habitantes. Muchos de ellos, Artistas Bohemios (con mayúsculas), viven o sobreviven gracias a su Arte, con su música, su pintura, incluso con su maestría con el balón y nos regalan momentos mágicos a los transeúntes. Ha llegado el momento de devolverles un poco de esa magia.

Tras varios días dándole vueltas al tema, intentando maquinar un plan de acción coherente, ¡tuve una revelación! Rememorando al simpático gnomo de “Amélie”, las fotos no podían tener otro formato que no fuera el Polaroid, ¡por supuesto! Pero ¿cómo convertir en Polaroid mis fotos? y sobre todo (ya que una no nada en abundancia) ¿cómo conseguirlo sin arruinarme y acabar yo misma (de artista invitada) en la calle? ¡Un momento! Esto es trabajo para la diseñadora gráfica, ¡que se aparte la fotógrafa soñadora!

Dicho y hecho. Resultado: nueve fotos con su marco blanco al estilo Polaroid como primera remesa de la felicidad y “Mi Revolución Bohemia” + el logo de “MinaSky” como mensaje de guerra y firma. Llegados a este punto… (cómo me gusta esta frase, que siempre me recuerda a Amélie) sólo faltaba imprimir.

A 5 minutos de casa tengo un supermercado en el que hay una máquina, entre un fotomatón y una fotocopiadora, que imprime fotos. Cada foto cuesta ¡25 céntimos! El universo y yo estábamos en sintonía. Enchufar el USB, seleccionar las fotos y el tamaño 10×15 (tamaño estándar, el mismo al que yo había adaptado mi formato Polaroid), pagar y… voilà!

A la mañana siguiente, hoy, ¡empezaría la revolución! Lo primero que tenía que hacer era recortar la parte sobrante de la foto para que pareciera una Polaroid. Con las herramientas necesarias (cúter y regla) adquiridas en el mismo supermercado el día anterior y con mis temblorosas manos he acabado, a duras penas, mi obra: une, deux, trois, quatre, cinq, six, sept, huit,… ¡¿ocho?! ¿Ocho fotos? Pero,… pero ¡si eran nueve! Corriendo he revisado la foto que le saqué a las fotos nada más imprimirlas (sí, soy así de retorcida, ¿no hay sueños dentro de sueños? Pues también hay fotos dentro de fotos) y… ¡sólo había ocho! Eso quería decir que la novena foto me la había dejado en la máquina. Tenía que volver al supermercado.

Una fotocopia de un documento, una foto de un paisaje arbolado,… agachándome, mirando por los rincones entre la máquina y el fotomatón… ni rastro de mi foto. Esto ya se estaba pareciendo demasiado a “Amélie” y yo no quería dar la nota y que alguien descubriera mi plan perverso para expandir la felicidad por el mundo, así que he vuelto a imprimir la foto y me he ido, pensando que alguien debe tener mi foto y esperando que al menos le haga feliz.

Y ¿dónde he ido? Pues ¡por dónde iba a empezar sino por Montmartre! Primera parada del día: “El Mago del Balón”. Lo he encontrado nada más llegar arriba, frente al Sacré-Coeur, tras pasar junto al tiovivo y subir las escaleras. “Cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira el dedo”. Afortunadamente, nuestro amigo se encontraba en un descanso en lugar de realizando sus increíbles piruetas sobre el cielo parisino, así que me he dirigido a él y simplemente le he dado las fotos diciéndole que eran un regalo. Sorprendido y receloso ha ido pasándolas una a una hasta que una tímida sonrisa ha ido asomando en su cara. Me ha dado las gracias, nos hemos dado la mano y ahí lo he dejado, preparando su espectáculo.

Es extraña y a la vez lógica su reacción. Es triste lo que ha hecho de nosotros esta sociedad, "son tiempos difíciles para los soñadores". Parece que es imposible que alguien haga algo por puro altruismo, sin pedir nada a cambio y recelamos de cualquiera. Es normal, pero no debería serlo. Ojalá, con mi pequeña obra, pueda aportar ni que sea un pequeño granito de arena para hacer de este mundo un lugar mejor. Si consigo que al menos una persona sonría habrá valido la pena.

Lo que quedaba del día ha sido infructuoso. No he podido encontrar al resto de mis destinatarios de la felicidad. ¡Pero volveré!

Podéis llamarlo Karma, buen rollo, sentirse bien con uno mismo o como queráis. Yo lo llamo “Mi Revolución Bohemia” y esto ¡no ha hecho más que empezar!"

 ...más, próximamente.